Recreación y Deporte

Si hablando de la organización vecinal dijimos que era la "piedra de toque" de la estrategia, al hablar del deporte tenemos que decir que ha sido la "punta de lanza". A muchas comunidades entramos con el deporte, particularmente con la perspectiva de construir, rehabilitar o iluminar instalaciones deportivas de común acuerdo con las comunidades y los gobiernos municipales. Fue un acierto, porque produjo un desborde de entusiasmo increíble y dinamizó la movilización comunitaria, especialmente de los jóvenes que se mostraban apáticos ante cualquier otra propuesta.
De esta manera, el deporte se ha convertido en una herramienta y una estrategia de trabajo concreta y, si se quiere, una de las más efectivas. Se puede ahondar bastante sobre las bondades del deporte en sí mismo, mas no se trata de eso. En casi todos los barrios en los que trabajamos la cosa es bien simple, además de otros condicionamientos sociales negativos, los jóvenes no tienen absolutamente nada que hacer en su tiempo libre. Sus viviendas tienen 30 metros cuadrados. No se puede estar adentro. No hay infraestructura municipal de servicio público orientada a la recreación. No hay centros culturales. A veces no hay ni un parque. La calle es oscura y los mínimos espacios públicos casi siempre carecen de iluminación. Ahí comienza la vagancia. La única diversión posible es la droga, el licor o la pandilla. De ahí a la perdición no hay más que un paso.
El deporte como herramienta de prevención de violencia está estrechamente vinculado con las posibilidades, ritmos y nivel de compromiso de la organización comunitaria. Esta es una de las primeras dimensiones que se debe de comprender a plenitud. No se trata de construir una instalación deportiva y organizar un torneo. Esto último es relativamente fácil y no debería de representar un logro importante.
Se trata, en cambio, de despertar los dinamismos comunitarios y darles rumbo mediante las actividades deportivas. En esta lógica el deporte y lo que ocurre en su entorno es el gancho de atracción y no la meta última. La lección es clara: es la vida de las comunidades la que debe cambiar para reducir la violencia. Las estrategias preventivas dirigidas a individuos o a grupos particulares tienen poco impacto.


